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De compartir la azul y oro a enfrentarse en la Primera Nacional: Gracián y Battaglia, un cruce con historia xeneize
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De compartir la azul y oro a enfrentarse en la Primera Nacional: Gracián y Battaglia, un cruce con historia xeneize

El calendario de la Primera Nacional suele tener sus historias, esas que le dan sabor al ascenso, donde las casualidades se mezclan con los guiños del destino. Este domingo, en el Abel Sastre, Deportivo Madryn recibirá a San Miguel por la cuarta fecha del campeonato. Pero el duelo tendrá un condimento especial: los dos entrenadores se conocen y mucho. Compartieron vestuario, abrazos de gol, festejos de títulos y ahora estarán separados por la línea de cal, con el buzo de DT y los mismos sueños, aunque en bandos opuestos.

Por REDACCIÓN SUPERDEPOR

Leandro Gracián, técnico de Madryn, y Sebastián Battaglia, DT de San Miguel, compartieron épocas gloriosas en Boca Juniors. Y este fin de semana, esos recuerdos quedarán guardados por un rato en algún rincón de la memoria, porque sus equipos se medirán en un partido clave para sumar en el arranque del torneo.

HISTORIAS ENTRELAZADAS

El Tano Gracián llegó a Boca en 2007, con la difícil tarea de ser conductor y enganche de un equipo que todavía vivía bajo la sombra de Juan Román Riquelme, el dueño eterno de esa camiseta número 10. Gracián alternó titularidad y suplencia, aportó su talento en cuentagotas y dejó su huella con 58 partidos, 8 goles y 3 títulos: la Recopa Sudamericana 2008, el Apertura 2008 y el Apertura 2011.

En esa etapa, Gracián convivió con un símbolo absoluto de Boca: Sebastián Battaglia, el hombre que jugaba con el número 5 pegado a la piel, el mediocampista que levantó 18 títulos, más que nadie en la historia del club. Battaglia, forjado en las inferiores xeneizes, fue parte de las inolvidables triples coronas de 2000 y 2003, y se convirtió en uno de los ídolos más respetados de la Doce. El volante central de la marca férrea, el pase seguro y el perfil bajo, siempre dispuesto a dejarlo todo por la camiseta.

Las lesiones le jugaron una mala pasada a Battaglia, que tuvo que retirarse prematuramente, a los 31 años, pero no sin antes regalarse un último momento de gloria: el ingreso emotivo ante Banfield, en la conquista del Apertura 2011, para convertirse en el futbolista más ganador de la historia de Boca. Ese día, mientras La Bombonera coreaba su nombre, Gracián estaba ahí, también campeón, también testigo de un cierre perfecto para una carrera de leyenda.

SE VUELVEN A ENCONTRAR

Tras el retiro, Gracián y Battaglia eligieron el mismo camino: el de la dirección técnica. El Tano hizo sus primeras armas en el ascenso, fue ayudante de Walter Erviti en Atlanta, y luego recibió el llamado de Riquelme para sumarse a la Reserva de Boca, primero como segundo de Hugo Ibarra, y después dando el salto al cuerpo técnico de Primera, donde sumaron otro título: la Liga Profesional y la Supercopa Argentina.

Battaglia, en tanto, comenzó su carrera en Almagro, fue ayudante de Falcioni en Banfield y, como no podía ser de otra manera, regresó a su casa para hacerse cargo de la Reserva y, luego, del primer equipo.
Ahora, el fútbol los vuelve a poner cara a cara. Uno con la camiseta de Deportivo Madryn, el otro con la de San Miguel, pero ambos cargando sobre los hombros esa herencia xeneize que, de alguna manera, los define. De la gloria de Boca al barro hermoso de la Primera Nacional, donde los sueños son igual de grandes, aunque el contexto sea muy diferente.

El duelo del domingo no será uno más. No para ellos. Porque cuando Gracián y Battaglia se saluden en la previa, habrá una historia común latiendo en ese apretón de manos. La historia de dos pibes que llegaron a la cima con una de las camiseta más pesadas del fútbol argentino, y que ahora escriben nuevas páginas desde el banco de suplentes. Esta vez, como rivales.

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De compartir la azul y oro a enfrentarse en la Primera Nacional: Gracián y Battaglia, un cruce con historia xeneize

El calendario de la Primera Nacional suele tener sus historias, esas que le dan sabor al ascenso, donde las casualidades se mezclan con los guiños del destino. Este domingo, en el Abel Sastre, Deportivo Madryn recibirá a San Miguel por la cuarta fecha del campeonato. Pero el duelo tendrá un condimento especial: los dos entrenadores se conocen y mucho. Compartieron vestuario, abrazos de gol, festejos de títulos y ahora estarán separados por la línea de cal, con el buzo de DT y los mismos sueños, aunque en bandos opuestos.

Leandro Gracián, técnico de Madryn, y Sebastián Battaglia, DT de San Miguel, compartieron épocas gloriosas en Boca Juniors. Y este fin de semana, esos recuerdos quedarán guardados por un rato en algún rincón de la memoria, porque sus equipos se medirán en un partido clave para sumar en el arranque del torneo.

HISTORIAS ENTRELAZADAS

El Tano Gracián llegó a Boca en 2007, con la difícil tarea de ser conductor y enganche de un equipo que todavía vivía bajo la sombra de Juan Román Riquelme, el dueño eterno de esa camiseta número 10. Gracián alternó titularidad y suplencia, aportó su talento en cuentagotas y dejó su huella con 58 partidos, 8 goles y 3 títulos: la Recopa Sudamericana 2008, el Apertura 2008 y el Apertura 2011.

En esa etapa, Gracián convivió con un símbolo absoluto de Boca: Sebastián Battaglia, el hombre que jugaba con el número 5 pegado a la piel, el mediocampista que levantó 18 títulos, más que nadie en la historia del club. Battaglia, forjado en las inferiores xeneizes, fue parte de las inolvidables triples coronas de 2000 y 2003, y se convirtió en uno de los ídolos más respetados de la Doce. El volante central de la marca férrea, el pase seguro y el perfil bajo, siempre dispuesto a dejarlo todo por la camiseta.

Las lesiones le jugaron una mala pasada a Battaglia, que tuvo que retirarse prematuramente, a los 31 años, pero no sin antes regalarse un último momento de gloria: el ingreso emotivo ante Banfield, en la conquista del Apertura 2011, para convertirse en el futbolista más ganador de la historia de Boca. Ese día, mientras La Bombonera coreaba su nombre, Gracián estaba ahí, también campeón, también testigo de un cierre perfecto para una carrera de leyenda.

SE VUELVEN A ENCONTRAR

Tras el retiro, Gracián y Battaglia eligieron el mismo camino: el de la dirección técnica. El Tano hizo sus primeras armas en el ascenso, fue ayudante de Walter Erviti en Atlanta, y luego recibió el llamado de Riquelme para sumarse a la Reserva de Boca, primero como segundo de Hugo Ibarra, y después dando el salto al cuerpo técnico de Primera, donde sumaron otro título: la Liga Profesional y la Supercopa Argentina.

Battaglia, en tanto, comenzó su carrera en Almagro, fue ayudante de Falcioni en Banfield y, como no podía ser de otra manera, regresó a su casa para hacerse cargo de la Reserva y, luego, del primer equipo.
Ahora, el fútbol los vuelve a poner cara a cara. Uno con la camiseta de Deportivo Madryn, el otro con la de San Miguel, pero ambos cargando sobre los hombros esa herencia xeneize que, de alguna manera, los define. De la gloria de Boca al barro hermoso de la Primera Nacional, donde los sueños son igual de grandes, aunque el contexto sea muy diferente.

El duelo del domingo no será uno más. No para ellos. Porque cuando Gracián y Battaglia se saluden en la previa, habrá una historia común latiendo en ese apretón de manos. La historia de dos pibes que llegaron a la cima con una de las camiseta más pesadas del fútbol argentino, y que ahora escriben nuevas páginas desde el banco de suplentes. Esta vez, como rivales.

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