A los 70 años falleció en las últimas horas, disputando su última gran pelea, inmerso en una salud endeble y en una caprichosa película que se resetea más nunca termina de olvidar. Pocos tipos con tanta pasión, transmitieron tanto. Con pocas palabras pero con un aprendizaje directo y sin escalas. El entrenamiento como principal capital, potenciar las virtudes y leer las debilidades del rival. Un abecé que aún hoy sigue funcionando. Un plan ganador que ayudado por la fortaleza mental, convierte a un deportista en invencible.
Llegó desde Rio Gallegos, Santa Cruz, en la década del 80 cuando todavía se calzaba los guantes como boxeador profesional y con la consigna de cerrar su historia «boxindanga» y dar el salto hacia la enseñanza. Pasó por Trelew, vivió en José de San Martín, Pico Truncado y en otras ciudades de la Patagonia, siempre en contacto con un gimnasio en donde se transpirara y sonara de fondo de campana. Sembró la semilla, construyó pasión y formó a decenas de pibes que soñaron con ser campeones. Nunca lo frenaron los problemas, las traiciones y la falta de palabra. Por eso no solía quedarse donde no se lo respetaba. Su carácter era una muestra de lo que intentaba transmitirle a sus boxeadores: primero el compromiso y después, todo lo demás. Siempre prefirió la calidad por sobre la cantidad y por eso, prefería entrenar específicamente a los que «pintaban» y competían. Y esa enseñanza se daba directa y frontal, con el rigor del día a día. El viejo «Rocky» al fin descansará. Y con él, se van miles de historias. Boxeadores de todo rango que aprendieron sus secretos y especialmente, lo recordarán por su estilo singular, de vivir el boxeo como en la vida.
Debutó como profesional en 1980, sumó infinidad de peleas sin registro. En Chile, legales y otras informales pero sin esquivarle a nadie. En Trelew, derrotó a José Huala, Juan Silva Soto y empató con el santafecino Ramón Carreras. Sorprendió en Chile al derrotar a Luis «Chilote» Alvarado y entre sus mejores victorias ante Alfredo Morales e Ismael González. En Trelew, lo noqueó César «La Bestia» Romero y en 1984 se le registra una derrota ante Juan Carlos Fernández. Sonarán en su nombre, las diez campanadas. «Bachi» por siempre. (Fuente: Piñas del Sur)