EQUÍVOCA ACTITUD POLÍTICA del SENADO SALTEÑO I
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El pasado 28 de mayo el Senado salteño aprobó la Declaración N.º 90/26, cuyo texto expresa que el Senado ve con agrado que el Poder Ejecutivo provincial implemente medidas destinadas a "incentivar y promover al sector privado a reactivar la explotación minera del uranio en nuestra provincia, la cual cesó en el año 1981".
Se trata de una manifestación política de apoyo a la reactivación del sector. Durante este año el gobierno provincial, legisladores y representantes de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) mantuvieron reuniones para analizar el potencial uranífero salteño, especialmente en relación con la seguridad del abastecimiento de uranio para Argentina, el desarrollo de la industria nuclear, la transición energética y la generación de empleo en los Valles Calchaquíes.
Los principales antecedentes salteños se encuentran en la zona de Don Otto y Tonco-Amblayo, en los Valles Calchaquíes. La mina Don Otto fue explotada por la CNEA entre las décadas de 1960 y 1980 y cesó actividades en 1981. Según relevamientos recientes, Don Otto figura entre los proyectos de uranio más avanzados de Argentina, encontrándose en etapa de factibilidad.
En el programa de remediación de la CNEA Tonco, fue incorporado dentro del Proyecto de Restitución Ambiental de la Minería del Uranio (PRAMU) para tratamiento de pasivos ambientales históricos, pero la remediación no se ha hecho, quedó solo en que se incluyó en el PRAMU, eso a pesar de más de 45 años transcurridos desde el fin de la explotación.
Antes de una reapertura o un nuevo proyecto uranífero en la provincia Salta, habría que verificar cómo se gestionarán los pasivos ambientales históricos, qué garantías financieras de cierre se exigirán, qué mecanismos de monitoreo ambiental y sanitario se implementarán y qué participación tendrán las comunidades locales.
El Senado debiera preguntarse también por la salud de los trabajadores de aquella explotación y cómo se gestionaron sus pasivos antes de mirar con agrado que el Poder Ejecutivo implemente medidas para reactivar la explotación minera de uranio.
La CNEA inició prospecciones en los Valles Calchaquíes en 1959; en 1960 comenzó la exploración en Tonco y allí se ubicó el yacimiento Don Otto. Los trabajos se desarrollaron entre 1960 y 1981.
Fue una explotación principalmente subterránea, con 18.325 metros de galerías. En la mayoría de los sectores se trabajó desde superficie hasta unos 80 m de profundidad. Entre 1963 y 1980 se extrajeron 479.000 toneladas de mineral, con 401 toneladas de uranio y una ley media de 0,084 % U.
Además, quedaron 390.000 toneladas de colas o relaves de uranio (tailings) y varias decenas de miles de toneladas de escombreras y estériles mineros sin inventario público preciso.
La cifra de 390.000 toneladas de colas de uranio es indiscutible, aparece reiteradamente en documentación sobre los pasivos de Don Otto y fue utilizada en informes vinculados al PRAMU y a la remediación pendiente del sitio.
El contenido de uranio era muy bajo su Ley media era de 0,084 % U. Es decir que más del 99,9 % del mineral terminaba como residuo.
Tras el proceso químico se recuperaba una pequeña fracción del uranio y quedaban enormes volúmenes de colas con radionucleidos naturales remanentes.
Las colas no son roca "inerte". Según la propia documentación técnica del PRAMU citada en diversos informes alrededor del 70 % de la radiactividad original del mineral permanece en las colas después del procesamiento, contienen radio-226, torio-230 y productos de decaimiento asociados que pueden generar emanación de gas radiactivo radón, además contienen metales pesados y reactivos utilizados durante el beneficio del mineral.
El Senado salteño tendría que evaluar estos resultados antes ver con agrado la reactivación de la explotación minera del uranio en la provincia. Evidentemente prefiere mirar para otro lado.
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