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Franca Acuarelas: cuando el amor por una mascota se convierte en arte

Una mudanza, un perro y una acuarela fueron el comienzo de una historia que hoy transforma mascotas en retratos. Desde Puerto Madryn, Silvana Canteros convirtió su amor por los animales en un emprendimiento que pinta mucho más que fotografías: pinta vínculos, historias y emociones.

por REDACCIÓN CHUBUT 16/08/2026 - 19.27.hs

Hay historias que empiezan casi sin querer. La de Silvana Canteros comenzó hace poco más de cuatro años, cuando llegó a Puerto Madryn junto a su pareja y su hija. En la nueva vida que construyeron en la ciudad apareció después un integrante que terminaría siendo fundamental: Chiwi, un pequeño de cuatro patas que hoy tiene poco más de tres años y se convirtió en el rey y la alegría de la casa. Y también, sin saberlo, en su gran fuente de inspiración.

 

“Lo amamos y es inspiración para todo. La verdad que nuestra vida gira alrededor de ese perro”, reconoce Silvana.



 

Volver a pintar, aprender a mirar

 

Aunque trabaja en un laboratorio, el arte siempre estuvo presente en su vida y siempre le gustó mucho. De chica pintaba con acrílicos y convertía las maderitas de su abuelo, que trabajaba con madera, en pequeños lienzos. Más adelante estudió un año de Diseño de Indumentaria y también incursionó en la costura.

 

Pero fue Chiwi quien volvió a acercarla a la pintura y el arte a su vida. Silvana quería hacer un retrato de su perro, aunque no sabía cómo. Buscando alternativas, entre las sugerencias de Instagram encontró un curso online de retratos de mascotas en acuarela. “Bueno, me anoto al curso”, pensó.

 

La primera experiencia estuvo lejos de ser sencilla. Tenía apenas una pequeña paleta de acuarelas escolares y mucho por aprender. “Empecé, la verdad que flojo. La acuarela no es fácil”, recuerda. Pero siguió practicando.



 

Después del curso comenzó a pedirles fotografías de sus mascotas a compañeros de trabajo. Perros, gatos y otros animales se transformaron en sus modelos mientras ella entrenaba una habilidad que terminaría siendo fundamental: aprender a mirar. “Vas entrenando el ojito”, explica.

 

Con cada retrato empezó a descubrir detalles que antes pasaban desapercibidos: las luces, las sombras, los reflejos del pelaje y esas pequeñas características que hacen que cada animal sea único.

 

Incluso el primer retrato de Chiwi quedó como testimonio de ese proceso. “Me salió muy feo, pobrecito”, cuenta entre risas.

 

Silvana finalizo el curso cuando sintió que había incorporado las herramientas necesarias y continuó de manera autodidacta. Pintaba, observaba, probaba y volvía a empezar. Cada retrato era también un nuevo aprendizaje.

 

“Siempre en los retratos veo qué puedo mejorar en el siguiente. Cada uno es un aprendizaje.”

 

Cuando el hobby encontró su nombre

 

Durante un tiempo, pintar fue simplemente una actividad personal. Hasta que amigos y compañeros comenzaron a hacerle la misma pregunta: “¿Por qué no te animás?”.

 

Silvana nunca había emprendido y tenía más preguntas que respuestas. Hasta que un día decidió confiar en lo que hacía.

 

“¿Por qué no? Siento que estoy lista.”

 

En noviembre del año pasado abrió su cuenta de Instagram y comenzó a mostrar sus trabajos. También dejó algunos folletos en la veterinaria donde lleva a Chiwi. Poco a poco llegaron los primeros pedidos y aquella actividad que había comenzado como hobby empezó a convertirse en una comunidad. Así nació Franca Acuarelas.

 

Pintar también es emocionar

 

Profesionalizar su pasión trajo un desafío inesperado: vencer la inseguridad. Cada vez que terminaba un retrato sentía nervios antes de entregarlo.

 

Pero las devoluciones de los clientes comenzaron a darle confianza: “Gracias, me emocioné. Me encantó”.

 

Para Silvana, no se trata simplemente de reproducir una fotografía, sino de capturar una mirada, una expresión o una luz. Una parte de ese animal que para alguien representa mucho más que una mascota.

 

Algunos encargos tienen, además, una carga emocional especial: son retratos de animales que ya no están y que fueron parte de una familia durante años.

 

“Algunas historias te rompen el corazón. Entonces sabés que lo tenés que hacer con mucho amor y transmitir algo lindo”, dice.

 

Ahí, el retrato deja de ser simplemente una pintura. Se convierte en memoria.

 

Del corazón a la acuarela

 

Silvana encontró en Franca Acuarelas un espacio que disfruta especialmente.

 

“Es una satisfacción enorme. Me gusta tener ese tiempo para hacer esto y tener un objetivo.”

 

Hoy pinta perros, gatos y otros animales. El proceso comienza por Instagram o WhatsApp: el cliente envía una o varias fotografías o ideas de lo que quiere y luego de unos días tiene su retrato pintado a mano. También hace envíos para las personas que encarguen desde otras localidades.

 

Franca Aquarelas nació casi de casualidad: porque una mujer quiso pintar a su perro. Creció con una acuarela difícil, una paleta escolar, mucha práctica y, sobre todo, con el impulso de animarse. Pero también nació del amor: por Chiwi, por los animales y por las personas que confían en Silvana para transformar una fotografía en un recuerdo.

 

“Me encanta lo que hago. Lo re disfruto.”

 

Quizás ahí esté la esencia de Franca Acuarelas: convertir una pasión en algo tangible y pintar con las manos aquello que primero se siente con el corazón. Porque detrás de cada acuarela hay un animal, una historia y alguien que quiso decir, a través de una imagen: este ser fue —y sigue siendo— parte de mi vida.

 

@franca.acuarelas

 

WhatsApp:  +549 11 342 09089

 

Puerto Madryn

 

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