Vesta: el barco que trajo el ferrocarril al Chubut entre tragedias y rituales - Últimas Noticias: El Chubut

Texto original de Meirion Griffiths

Vesta: el barco que trajo el ferrocarril al Chubut entre tragedias y rituales

Texto original de Meirion Griffiths, El Regional 2012
Reedición, julio de 2026, equipo del Museo Pueblo de Luís

 

por REDACCIÓN CHUBUT 28/07/2026 - 08.53.hs

La historia de la colonización galesa del Chubut suele detenerse en el arribo del Mimosa en 1865. Sin embargo, veinte años después otro barco desempeñó un papel decisivo en el desarrollo de la colonia. El 28 de julio de 1886 llegó al Golfo Nuevo el vapor Vesta, transportando obreros, colonos y materiales destinados a la construcción del Ferrocarril Central del Chubut, la obra que uniría Puerto Madryn con Trelew y transformaría la economía regional. A bordo de la nave, murieron niños y otros enfermaron. El pastor Lewis Humphreys, llevó un diario de viajes, cuyos detalles hoy podemos publicar, a 140 años de aquella travesía. 

 

A diferencia del Mimosa, la historia del Vesta permaneció durante décadas en un segundo plano. Los registros sobre la embarcación son escasos y las referencias suelen limitarse a mencionar que trasladó personal y equipamiento para el ferrocarril. Sin embargo, una fuente que fue analizada y traducida este año en el Museo Pueblo de Luís, permite reconstruir aquel viaje con un nivel de detalle excepcional.

 

Bitácora con detalles 

El 27 de agosto de 1886, el periódico galés Y Celt publicó una extensa crónica titulada Y Fintai Wladfaol. Oddiar Fwrdd yr Agerdd "Vesta" ("Noticias de la Colonia. Desde a bordo del vapor Vesta"), redactada por el reverendo Lewis Humphreys durante la travesía. Se trata de una verdadera bitácora que registra día por día el recorrido del barco desde Liverpool hacia Sudamérica.

 

Las anotaciones de reciente traducción comienzan en San Vicente, Cabo Verde, donde el vapor reabasteció carbón y agua antes de continuar su viaje. Humphreys deja entrever desde el inicio algunas preocupaciones sobre la composición del contingente migratorio. Observa que personas respetables y religiosas debían convivir con individuos que, según su criterio, no representaban los valores que la colonia necesitaba incorporar. La observación resulta significativa porque refleja discusiones existentes dentro de la propia comunidad galesa acerca del perfil de los nuevos inmigrantes.

 

16 de julio 1886: “ A medida que avanzamos, se ve más claramente la necesidad de tener cuidado en la selección de emigrantes en circunstancias como estas, y es indecoroso que personas respetables, acomodadas y religiosas tengan que relacionarse con la escoria de la sociedad que les causa problemas”.

 

A medida que el Vesta avanzaba hacia el sur, la bitácora registra las condiciones meteorológicas, las millas recorridas cada jornada y la vida cotidiana a bordo. Los cultos religiosos ocupaban un lugar importante en la rutina de los pasajeros, aunque no siempre podían celebrarse con normalidad. El domingo 4 de julio, por ejemplo, “los fuertes vientos alisios, el oleaje y el movimiento constante del barco impidieron realizar el servicio matutino”. Humphreys describe un mar embravecido, pasajeros enfermos y agua rompiendo sobre cubierta.
 

 

Mueren niños 


La travesía también estuvo marcada por episodios dolorosos. El 5 de julio murió un niño de diez meses, hijo de John y Hannah Morley, oriundos de Pontypridd. Humphreys dejó una detallada descripción del funeral marítimo. La campana sonó al atardecer, las máquinas fueron detenidas y el pequeño cuerpo, envuelto en lona y cubierto por la bandera británica, fue colocado junto a la borda mientras se desarrollaba el oficio religioso. Concluida la ceremonia, fue entregado al océano. El reverendo señala que la escena causó una profunda impresión entre todos los pasajeros.

 


En las anotaciones del reverendo Humphreys leemos: “5 de julio de 1886: Esta mañana, murió un niño de diez meses, hijo de John y Hannah Morley, de Pontypridd, Cwmgarw, Morgannwg. Fue sepultado al atardecer. Hubo un servicio en la ocasión. Esto fue una prueba muy triste para los pasajeros, y para mí también. Poco antes de las seis, se oyó la campana con un toque fúnebre, y con esto el vapor había detenido las máquinas, y el pequeño cuerpo fue llevado por cuatro hombres de la tripulación. El cuerpo estaba envuelto en lona,  atado a los pies, y la bandera (Union Jack) lo cubría sobre una tabla, con un extremo apoyado en la baranda del Vesta mientras se oficiaba el servicio pastoral, hasta llegar a la parte donde se dice: "Entregamos su cuerpo a las profundidades", entonces se levantó el otro extremo y el cuerpo se deslizó al mar. Esto causó una impresión extraordinaria en la gente.”

 


Ese mismo día el barco cruzó la línea ecuatorial. Humphreys menciona incluso las tradicionales ceremonias marineras asociadas al paso por el Ecuador, una costumbre habitual en la navegación oceánica del siglo XIX.

 

Ocho días después ocurrió una segunda tragedia. El 13 de julio falleció María Pierce, una niña de cinco meses, hija de William y Edith Pierce, de Llanelli. La bitácora consigna incluso las coordenadas aproximadas donde tuvo lugar el entierro en el mar. Hoy podemos saber que el pequeño cuerpo fue ofrendado a las aguas a la altura de Florianópolis, Brasil. 

 

El pastor Humphreys lo registró así el 13 de julio de 1886: “… Recorrí 215 millas. Murió Maria Pierce, hija de William y Edith Pierce, Llanelli, de 5 meses. Fue enterrada en Latitud 27°22' Sur y Longitud 44°10' Oeste. Oficié otro servicio también por esto.

 

Una niñita tuvo un accidente en su cabina al pisar donde no debía, sobre la cadena del timón que estaba sobre su cabina, pero se salvó. Estuvo bien luego de ser examinada.”

 

 

Sigue el viaje

16 de julio: “Día similar, el barco balanceándose hacia la noche, la carga moviéndose y causando problemas, y la tripulación y otros tratando de colocarla bien otra vez, hasta que se hizo tarde, pero con mucho esfuerzo, y balanceándose estuvo avanzando hacia la mañana. Recorrí 226 millas, como estábamos a 182 millas de Montevideo y a 6,025 de Liverpool.”

 

17 de julio: “Alrededor de las ocho de la mañana, se detuvieron las máquinas debido a la densa niebla que había, y al oleaje en el agua, de modo que no se podía ver a poca distancia. Los oficiales se dedicaron aquí a cazar pájaros y focas, y el capitán fue el mejor. Un pequeño bote para mostrar dónde estábamos bajo su mando. Un muchacho perdió su gorra, y después de no poder encontrarla, el primer oficial se ofreció a ir en su bote a buscarla. A la una se pusieron en marcha las máquinas. Ya habíamos avistado tierra y la tuvimos a la vista hasta la noche, y las luces mostraban nuestra dirección, y la luz en la montaña era visible. Anclamos alrededor de las ocho de la noche, a varias millas de la ciudad, en agua tranquila y silenciosa.”

 

Los últimos días de navegación estuvieron marcados por fuertes vientos contrarios y problemas con la carga. Humphreys relata cómo el movimiento constante del barco desplazaba materiales almacenados en las bodegas, obligando a la tripulación a trabajar durante horas para asegurar nuevamente los cargamentos. El 16 de julio el Vesta se encontraba a apenas 182 millas de Montevideo.

 

Al día siguiente, una espesa niebla obligó a detener las máquinas durante varias horas. Según la crónica, mientras esperaban mejores condiciones de visibilidad algunos oficiales aprovechaban para cazar aves marinas y focas. Finalmente la costa uruguaya apareció en el horizonte y el barco fondeó frente a Montevideo.

 

La escala en la capital uruguaya ofrece uno de los pasajes más interesantes de la bitácora. Humphreys recorrió la ciudad y visitó la oficina de la Oriental Telegraph Company, donde fue recibido por Edward Jones, un galés originario de Dolgellau que ocupaba una posición destacada dentro de la empresa. También describe una ciudad de aproximadamente cien mil habitantes, con calles ordenadas y una imagen urbana que le causó una impresión favorable.

 

Durante esa escala los pasajeros observaron otro barco cargado con materiales ferroviarios, una referencia que permite dimensionar el volumen de recursos movilizados en aquellos años para obras de infraestructura en Sudamérica.

 

Pocos días después, ya cerca de Buenos Aires, otra figura central de la historia galesa aparece vinculada al viaje. En una carta publicada por Y Celt y fechada el 21 de julio de 1886, Michael D. Jones señalaba que la colonia del Chubut atravesaba un período de crecimiento sostenido. Destacaba el fortalecimiento de la Sociedad Cooperativa y el aumento del valor económico de la colonia. Sus observaciones resultan particularmente relevantes porque coincidían con la llegada de los trabajadores y materiales destinados a la construcción del ferrocarril. 

 

¿Qué pasó con el Vesta? 

La documentación marítima británica presentes en el Museo de Trelew permite completar la historia del barco. Los registros identifican al Vesta como un vapor perteneciente a la Star Navigation Company, propiedad de los hermanos Rathbone, de Liverpool. La embarcación había sido botada el 30 de abril de 1881 en los astilleros Scott & Co. de Cartsdyke East, Escocia. Una referencia publicada por The Standard de Londres el 18 de junio de 1886 informa su partida desde Newport, pocos días antes de iniciar el viaje que lo llevaría a la Patagonia.

 

En 1889 el buque pasó a integrar la flota de la compañía T. & J. Harrison, tras la compra de los activos de Star Navigation Company. Continuó navegando durante casi una década más, hasta que en septiembre de 1898 naufragó cerca de la isla Catalinita, frente a las costas de la actual República Dominicana. Las crónicas periodísticas de la época informaron la pérdida de la embarcación y el rescate de parte de su carga.

 

La historia del Vesta permite observar una etapa distinta de la colonización galesa. El Mimosa simboliza el comienzo de la experiencia patagónica. El Vesta, en cambio, representa el momento en que aquella colonia comenzaba a consolidarse mediante obras de infraestructura, nuevas corrientes migratorias y una creciente integración económica.

 

La bitácora publicada por Y Celt aporta una dimensión que los registros navieros no pueden ofrecer. Gracias a ella conocemos nombres, acontecimientos, escalas, dificultades y experiencias concretas de quienes viajaban a bordo. Más que un simple vapor de transporte, el Vesta aparece como el barco que acompañó el ingreso de la colonia galesa a una nueva etapa de su historia.

 

Desde el Museo Pueblo de Luís, al cumplirse 140 años del arribo del Vesta al Chubut, queremos homenajear esa historia. Es nuestro aporte para que el paso del tiempo no sea motivo de olvido. 

 

M. G.-
 

 

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