NO SOY ANTIMINERO (I)
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Quienes leen estas notas, lo saben. No soy “antiminero”, si soy antinuclear, y por tanto soy antiminero de los minerales radiactivos. A través de esta Columna de Opinión, vengo divulgando desde el 2020, los aspectos negativos de la funesta energía y, lógicamente, de la explotación de uranio, basándome en estudios científicos publicados, es decir no empecé hace poco ni invento nada. No soy quien suscita temor, es la realidad.
Además, no pertenezco a ningún grupo de radicalizados de izquierda, ni de derecha, ni a ningún grupo de radicalizados, pertenezco solo a mi grupo familiar y a grupos de amigos que nada tienen que ver con lo que puede inquietar a las autoridades.
Me veo en la necesidad de expresarme en primera persona porque se han divulgado unas expresiones que me pueden atañer y, por tanto, me siento en la necesidad de aclarar.
¿Por qué soy antinuclear? Muy sencillo:
No entiendo cómo es posible que después de más de 80 años invirtiendo fortunas y de haber fracasado en la búsqueda de una manera de convertir los residuos nucleares en inofensivos, la ciencia no se convence que es imposible y la humanidad continúa produciéndolos y almacenándolos provisoriamente sin saber qué hará con ellos.
No entiendo cómo la humanidad no detiene la fabricación de armas nucleares con las que ya ha provocado infinidad de muertes y afectado de muy distintas enfermedades a gran cantidad de habitantes y con las que pone al borde del abismo al planeta.
El combustible nuclear gastado, el principal residuo altamente radiactivo, contiene radionúclidos que permanecen peligrosos durante decenas de miles de años. La tecnología concluye que deben ser aislados del ambiente y da como mejor opción, la aislación en enterramientos geológicos profundos, con garantías que debieran superan cualquier horizonte político o institucional humano.
Como aún ningún país opera plenamente un repositorio geológico así, para combustible gastado comercial, uno se pregunta ¿para cuándo? y ¿hasta cuándo se seguirán produciendo? Ya hay más de 400 mil toneladas de combustibles gastados acumuladas en el mundo.
El riesgo es intergeneracional: Transferimos responsabilidades a nuestros descendientes que nada tuvieron que ver con la producción de esos residuos ni obtuvieron beneficio alguno.
En lo dicho hasta aquí, están las razones principales de mi oposición a la energía nuclear, no obstante, no son las únicas, existen numerosas más, algunas trataré de resumir a continuación:
Ha habido accidentes graves, de alto impacto. Eventos raros, pero con consecuencias catastróficas.
El impacto de un accidente puede incluir enorme cantidad de personas fallecidas, y otras afectadas gravemente, evacuaciones de poblaciones masivas y prolongadas, contaminación de grandes áreas, costos económicos enormes, con daños irreversibles.
Países con programas civiles pueden reducir barreras técnicas hacia armas nucleares, ya ha sucedido. Casos históricos: India, Israel, Corea del Norte, Pakistán, etc.
La energía nuclear es una tecnología intolerante al error. Requiere instituciones reguladoras fuertes e independientes. Exige una cultura de seguridad sostenida durante décadas, para lo cual es imprescindible la estabilidad política y técnica. Países con instituciones débiles enfrentan mayores riesgos operativos y de control.
Estados Unidos dispone de instituciones presuntamente fuertes que la actual política de Trump está debilitando.
Continúa...
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