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Carta del Lector

Incendios en Chernóbil

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El 7 de mayo, tras la caída de drones en la reserva natural radiológica de Chernóbil, dentro de la zona de exclusión, comenzó un incendio forestal. El 9 de mayo las autoridades ucranianas informaban que el incendio afectaba unas 1.180 hectáreas, aunque autoridades regionales hablaban de hasta 40 km² potencialmente comprometidos.

Aparentemente, en estos momentos, ya no representan una amenaza inmediata de gran escala, aunque la información pública disponible es fragmentaria y condicionada por la guerra en Ucrania.

 

Los bomberos señalaron que el viento fuerte, la sequía y la presencia de minas dificultaban muchísimo las tareas de extinción. Además, denunciaban sobrevuelos continuos de drones sobre la zona.

 

Si bien faltan noticias parece que el incendio principal fue contenido o pasó a focos menores bajo vigilancia, sin embargo, hay varios aspectos preocupantes que continúan.

 

Existe riesgo radiológico por remoción de partículas. Los incendios en la zona de exclusión pueden volver a suspender cenizas y polvo contaminado con cesio-137, estroncio y otros radionucleidos depositados desde 1986. Ya ocurrió en los grandes incendios de 2020, cuando se detectaron aumentos temporales de radiación ambiental en algunas áreas.

 

Hay dificultades operativas debidas a la guerra que complican enormemente el monitoreo independiente, el acceso de brigadistas, el uso seguro de maquinaria y la transparencia informativa.

 

Además, muchas áreas están minadas. La zona de exclusión se ha vuelto muy vulnerable al fuego por abandono humano prolongado, acumulación de biomasa, sequías más frecuentes y olas de calor asociadas al cambio climático.

 

Por eso Chernóbil hoy funciona casi como un enorme “reservorio” de vegetación contaminada susceptible de incendiarse periódicamente.


El episodio volvió a demostrar que la zona de exclusión sigue siendo ambientalmente inestable y vulnerable, especialmente en contexto de guerra. 1.200 hectáreas de bosque en la zona de exclusión se incendiaron. Solo se permite el ingreso de vehículos de bomberos y otros equipos en un terreno después de que éste haya sido desminado.

 

Los expertos llaman especialmente la atención sobre la concentración de cesio 137, uno de los radionucleidos más importantes, que se encuentra en los suelos y bosques desde el accidente hace 40 años.

 

Su posible liberación a la atmósfera se considera el principal peligro en caso de incendios. No es el primer gran incendio en la zona de exclusión. Se registraron casos similares en 2015, 2018 y 2020.

 

Los ecologistas advierten sobre los daños que causan a la naturaleza, donde desde 2016 existe una Reserva de la Biosfera de Radiación y Ecológica.

 

"Es una zona única. Solo allí podemos ver cómo se desarrolla la naturaleza sin la presencia del ser humano. Los incendios actuales no solo destruyen el bosque, sino también el hábitat de especies raras, en particular de aves, para las que los antiguos cañaverales son de gran importancia", dice Oleksiy Vasilyuk, director del Grupo Ucraniano de Conservación de la Naturaleza.

 


Como ejemplo, el experto menciona una de las aves más raras de Europa: el carricerín cejudo, que anida en los humedales de la zona de Chernóbil.

 

No solo arde la zona de Chernóbil. En los últimos días se han reportado incendios forestales en varias regiones de Ucrania. Las causas son la guerra de Rusia contra Ucrania. Los fuegos se ven agravados por una sequía prolongada y fuertes vientos.

 

Los incendios en Chernóbil reavivan los temores radiactivos. Científicamente preocupa que incendios repetidos redistribuyan contaminación antigua, que partículas radiactivas entren otra vez en ciclos ecológicos; y que zonas contaminadas sigan siendo vulnerables durante décadas o siglos.  (Fuentes varias)

 

 

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