“Así en la tierra como debajo de la tierra” de Ana Paula Maia. La violencia como sistema.  - Últimas Noticias: El Chubut

LECTURA DEL FIN DE SEMANA

“Así en la tierra como debajo de la tierra” de Ana Paula Maia. La violencia como sistema. 

Finalista del Premio Booker Internacional 2026, “Así en la tierra como debajo de la tierra”. Editada por Eterna Cadencia, consolida a Ana Paula Maia como una de las voces más sólidas de la narrativa contemporánea, una novela donde la violencia no es la excepción, sino estructura.

En una colonia penal aislada, en proceso de desmantelamiento pero aún regida por una autoridad arbitraria, se despliega el mundo brutal de la novela. Allí, los reclusos, condenados por crímenes graves, sobreviven bajo el dominio absoluto de Melquíades, una figura que administra la violencia con la lógica de un patrón rural, capaz de decidir sobre la vida y la muerte sin restricciones.

 

El espacio no es solo geográfico si no también simbólico. Como en otras obras de Maia, el territorio carece de nombre preciso, pero remite a un paisaje masculino, árido y salvaje, donde la violencia humana y animal conviven sin jerarquías. En ese universo, los hombres son reducidos a su condición más elemental, despojados de todo valor.

 

No hay fuga posible, ni redención, esto define el carácter cerrado del sistema y aunque la colonia esté destinada a desaparecer, su lógica persiste hasta el final.

 

Uno de los aspectos más inquietantes de la novela es la relación entre los cuerpos humanos y animales y el poder. Melquíades, obsesionado con la caza y la colección de animales, traslada esa lógica al trato con los prisioneros. La caza deja de ser metáfora para convertirse en práctica concreta.

 

En ese cruce, la novela construye una equivalencia perturbadora, hombres y animales comparten el mismo destino. Son cuerpos disponibles, expuestos, sacrificables.

 

La imagen condensa el núcleo estético de la autora brasileña, una escritura que no esquiva la degradación, que insiste en mostrar lo que suele permanecer oculto. No hay dramatización, sino constatación.

 

A través de saltos temporales, la novela reconstruye las historias de los internos, cómo llegaron allí, qué delitos cometieron, qué restos de humanidad conservan. Este recurso contribuye a complejizar y ampliar el universo narrativo.

 

Algunos de estos personajes, como ocurre en otras obras de la autora, reaparecen en distintos textos, configurando una suerte de saga donde las fronteras entre protagonista y secundario se desdibujan. El efecto es contundente, no hay centro, no hay héroes, solo trayectorias atravesadas por la violencia.

 

El lenguaje de Maia es uno de los grandes logros de la novela. Su prosa, seca y despojada, prescinde de cualquier lirismo. Esa economía expresiva no empobrece el relato: por el contrario, intensifica su impacto.

 

La ausencia de ornamento refuerza la sensación de realismo crudo, como si cada frase estuviera escrita bajo las mismas condiciones extremas que viven los personajes. No hay consuelo en la forma, como tampoco lo hay en el contenido.

 

Aunque la colonia está situada en un espacio remoto, casi desértico, la novela no funciona como evasión, sino como espejo del mundo. La imposibilidad de fuga, física y simbólica, convierte el relato en una distopía sin futuro, donde el sistema de opresión se reproduce incluso en su propio derrumbe.

 

Los reclusos sueñan con escapar, pero ese deseo es apenas una ilusión que sostiene la supervivencia. Afuera no hay promesa, solo otra forma de intemperie.
Ana Paula Maia nació en Río de Janeiro en 1977 y es una de las voces más singulares de la literatura brasileña contemporánea. Su obra se caracteriza por explorar territorios marginales —mataderos, cárceles, rutas desiertas— habitados por personajes que viven en los límites de la sociedad.

 

Con novelas como “De ganados y hombres”, “Búfalos salvajes”, “De cada quinientos un alma” y “Carbón animal”, Maia ha construido un universo narrativo propio, donde la violencia estructural, el trabajo físico extremo y la degradación de los cuerpos son temas centrales. Su estilo, directo y sin concesiones, la ha convertido en una autora de culto, reconocida por su capacidad para narrar sin filtros aquello que suele permanecer fuera de escena.

 

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