Complejo Hidroeléctrico Futaleufú: Balance social y económico
Por Miguel Gauna Lavayen
miguelgaunalavayen@gmail
por REDACCIÓN CHUBUT 28/06/2026 - 20.45.hs
«Tarde comprendí la ley de conversión de la masa o la materia, enunciada por Antoine-Laurent Lavoisier: «En la naturaleza nada se crea ni se destruye, todo se transforma» Y el «Principio de Conservación de la Energía: la energía eléctrica no se crea, nunca desaparece, sino que se manifiesta cambiando de forma y moviéndose de un lugar a otro».
Hemos publicado notas, varias veces, sobre el Complejo Hidroeléctrico Futaleufú y toca volver hoy, sobre los mismos temas, porque la discusión reaparece una y otra vez, como sucede con las cuestiones que no terminan de resolverse justamente. Permanentes opiniones reclaman con inconformidad frente a la pérdida, injustica, y agravio histórico. En esta nueva instancia es necesario que haya disposición a discutir sobre un nuevo esquema de distribución de la energía y los resultados de la unidad económica, más aún, creo que mucho mejor, sería rediscutir absolutamente todo, porque han pasado casi 50 años desde que se inició la generación y los objetivos, las premisas ya no son tales, la situación es totalmente diferente y las necesidades cambiaron, para instalarse en esta nueva realidad, con malestar social inocultable, y una creciente demanda para conocer todos los números y las condiciones de la próxima concesión .
Con el paso de los años, Aluar e convirtió en términos industriales y de inversión, en una empresa de generación variada. Han llegado incluso a presumir -según palabras de un alto directivo- de que producen «lingotes verdes», refiriéndose a que fabrican con energía eólica e hidroeléctrica, o sea, dos fuentes renovables, generando así aluminio con huella de bajo carbono.
¡Está bueno! pero, hay que tener en cuenta que todo esto se logró en base a enormes subsidios tarifarios, condiciones blandas y excepcionales marcos de consideración económica que, ahora, le posibilitaron posicionarse, además, de productora de aluminio procesado, en una gran generadora de energía.
Desde aquel proceso inicial y situaciones derivadas, tan bien descritas y criticadas por Hipólito Solari Irigoyen en su libro, y otras entretelas plasmadas en el libro «El Burgués Maldito» de Seoane, ha pasado medio siglo. La historia como siempre, va dejando todo atrás, pero a no equivocarse, los argumentos no por viejos, han quedado obsoletos, ni abandonados, hoy debemos estar atentos, más preparados, dispuestos a condicionar en serio y con propuestas, otro periodo de 30 años de concesión.
No cabe en esta página, la cifra que representa la enorme transferencia de recursos en términos de energía y generación de estos cincuenta años, pero más aún, la incalculable pérdida cultural y de patrimonio paisajístico que fue sacrificado para llegar hoy, a esos «lingotes verdes».
Podemos jugar dialécticamente por un momento, y usar con licencia oportunista, esa astuta metáfora del derecho, que habla del «fruto del árbol envenenado» y parangonar, diciendo que esos lingotes de verde, no tienen nada, tienen una mancha de origen y esconden, además, una deuda social incalculable, para quienes no fuimos tenidos en cuenta, tan solo, para dejarnos un borne donde conectar nuestra modesta línea eléctrica de suministro local. Eso si fue destrato, sin contemplaciones.
Con la central Futaleufú en marcha y generando la energía que se transportaba hacia Puerto Madryn, en toda la cordillera, debimos continuar y sobrellevar por años, la prestación del servicio eléctrico con la generación de los motores diésel trajinando, gestionando estos temas, discutiendo inclusive con funcionarios provinciales, y en las oficinas de Aluar, un mejor contrato de compra de energía y mejores condiciones para la cooperativa de Trevelin y Esquel. A veces recuerdo lo increíble de la situación y el agravio de habernos sometido a esa situación casi indigente, reclamando por algo que, por derecho, le pertenece a esta región.
La historia, como les gusta declamar tan seguido, a los políticos que nos representan, nos da otra oportunidad, pronto pondrá a prueba nuestras capacidades, actitudes y propuestas. Hay que desear, tanto como exigir, con gran fuerza sobre este tema, y por mucho más, que una petición de canon, regalías o dividendos. Digo así, porque se necesita una posición más decidida y compacta, frente al proyecto nacional por la represa.
La realidad ya demostró, que esta magnífica obra nacida turbulentamente, ha producido y seguirá generando formidables cantidades de energía, transfirió recursos extraordinarios que transformaron en ciudad, con puerto y otros beneficios, a una localidad que no ha parado de crecer y tenía entonces, menos población que Esquel, en tanto para el oeste y la cordillera, no se previó tan solo, una mínima conexión, para recibir eficientemente, digna y legítimamente, la provisión confiable de energía eléctrica, que aún sigue pendiente para varias localidades que esperan el interconectado regional sur.
Estas pérdidas, confrontadas con el mega negocio energético que lleva cincuenta años, ha sido para los departamentos del oeste provincial, un goteo despreciable, miserable, que nuestros gobiernos no modificaron, para bien de la comarca, la región y toda la provincia, condescendientes con participaciones en minoría, lugares de directorios, dividendos y regalías que la burocracia se devoró completamente.
La lectura y análisis de los balances de generación, transporte y venta de energía de Hidroeléctrica Futaleufu y los balances generales de la firma Aluar son prueba irrefutable de esto último, y creo que ninguna empresa en la Argentina recibió durante tanto tiempo la tarifa eléctrica que usufructuó y que, paralelamente, hasta ahora, no beneficio a ni un solo usuario consumidor, de cualquier categoría, del resto de la provincia.
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